Historias
La demarcación de límites territoriales ha traído a lo largo de la historia innumerables conflictos sobre el territorio. Las facerías o acuerdos entre valles limítrofes son una muestra del esfuerzo por convivir pacíficamente que desde antiguo han mostrado los vecinos del lugar.
La demarcación de límites territoriales ha traído a lo largo de la historia innumerables conflictos sobre el territorio. Las facerías o acuerdos entre valles limítrofes son una muestra del esfuerzo por convivir pacíficamente que desde antiguo han mostrado los vecinos del lugar.
En la vertiente norte del macizo montañoso que da nombre a Sorogain, encontramos el valle bajo navarro de Alduides, regado por un afluente del río Errobi y formado por las localidades de Alduides, con su barrio de Esnazu, Urepel y Banka, y un poco más al norte Baigorri. En la vertiente sur queda el Valle de Erro, al Este muga con Burguete y Valcarlos y al oeste con los valles de Baztan y Esteribar.
Entre los valles de Baztan, Erro, Esteribar y Alduides se encuentra Quinto Real, llamado así debido al tributo o impuesto denominado ‘la quinta’ (un cerdo de cada cinco) que fueron obligados a pagar los ganaderos que no fueran del Valle de Erro. Este tributo se estableció por el derecho al uso de ese territorio para el engorde del porcino en tiempo de bellota y hayucos (desde septiembre y hasta noviembre). Este tipo de impuesto era el aplicado por los reyes castellanos sobre el oro, la plata y demás productos procedentes de la América recién conquistada.
Originariamente, Sorogain debió ser del Valle de Erro, siendo confirmado así por Carlos III el Noble en 1413. De tiempo inmemorial eran determinados derechos de disfrute de los pastos y bosques que tenían Roncesvalles, Valcarlos y el valle de Baztan.
Conflictos por los pastos
Aunque la tradición pastoril de esta tierra se remonta a más de cinco mil años fue con el siglo XV cuando comenzaron los problemas y pleitos sobre linde de aprovechamientos de pastos. En el año 1400 se firmó una sentencia en San Esteban de Baigorri donde se fijaron los derechos de baigorrianos y valderros, en la que se reconoce que los montes de Alduides eran privativos de Valderro.
Conflictos por los pastos
Aunque la tradición pastoril de esta tierra se remonta a más de cinco mil años fue con el siglo XV cuando comenzaron los problemas y pleitos sobre linde de aprovechamientos de pastos. En el año 1400 se firmó una sentencia en San Esteban de Baigorri donde se fijaron los derechos de baigorrianos y valderros, en la que se reconoce que los montes de Alduides eran privativos de Valderro.
Tras la invasión del reino de Navarra en 1512 por el reino de Castilla, se establecieron en esta zona los límites de la ocupación, quedando la Baja Navarra en manos de Enrique II de Albret (rey de Navarra y aliado del rey de Francia), siendo éste el único modo de asegurar una paz duradera con Francia en el Pirineo Occidental.
Durante la Edad Moderna y hasta finales del siglo XVIII hubo numerosos enfrentamientos por la cuestión de los pastos hasta que el 25 de agosto de 1785 se intentó dejar zanjada la cuestión con la firma entre gobiernos del tratado de Límites de Elizondo. Se estableció así una frontera que no sigue las crestas y collados de la divisoria de aguas Cantábrico-Mediterránea, sino que va en línea recta. Esta decisión volvería a quedar ratificada por el acuerdo de 1856.
Minas, ferrerías y fundiciones
Durante el XVIII era famosa, además de la ferrería de Larrau que dejó de trabajar hacia 1785, la de los Etxauze, repartida entre el vizconde y el valle de Baigorri. Producían balas de cañón y cañones para la marina, que servían tanto para los corsarios de Baiona como para los buques mercantes de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. Esta ferrería y la fundición de cobre de Banka estuvieron a punto de acabar con los bosques de la zona. En 1753 se dio orden de replantar 3.000 pies de terrenos anuales.
Minas, ferrerías y fundiciones
Durante el XVIII era famosa, además de la ferrería de Larrau que dejó de trabajar hacia 1785, la de los Etxauze, repartida entre el vizconde y el valle de Baigorri. Producían balas de cañón y cañones para la marina, que servían tanto para los corsarios de Baiona como para los buques mercantes de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. Esta ferrería y la fundición de cobre de Banka estuvieron a punto de acabar con los bosques de la zona. En 1753 se dio orden de replantar 3.000 pies de terrenos anuales.
Contrabando
Los orígenes del contrabando en la frontera pirenaica hay que buscarlos a mediados del siglo XIX.
Tras su conquista e incorporación a la Corona de Castilla en 1515, Navarra conservó con su Derecho pirenaico (también llamado Foral) el sistema aduanero vigente desde la Edad Media.
Los orígenes del contrabando en la frontera pirenaica hay que buscarlos a mediados del siglo XIX.
Tras su conquista e incorporación a la Corona de Castilla en 1515, Navarra conservó con su Derecho pirenaico (también llamado Foral) el sistema aduanero vigente desde la Edad Media.
Durante los siglos XVI a XVIII las Cortes navarras legislaron en todo lo referente al comercio exterior del reino y establecieron los gravámenes que consideraban justos en sus relaciones con los territorios vecinos. Los puestos aduaneros navarros en el Pirineo tenían muy escaso rigor (los de ambos lados de la frontera impuesta seguían siendo navarros y vecinos con muchos lazos familiares). De esta manera traer productos de Francia para consumo propio de los naturales del país era barato. Las aduanas de las fronteras de Navarra con Castilla y Aragón, sin embargo eran muy rigurosas, lo que suponía un gran inconveniente para los navarros que querían vender sus mercancías libremente en los mercados aragonés y castellano, que incluía las Indias.
De esta manera, el contrabando en las fronteras del Ebro, tanto de productos propios como de ultramarinos traídos desde Francia, se convirtió en fecundo negocio para mucha gente.
En 1841, con la reforma de los fueros se suprimen las antiguas aduanas privativas navarras y con ellas las fronteras de Castilla y Aragón, fijándose las aduanas en el Pirineo y en Guipúzcoa, tal y como deseaba el Estado español y muchos navarros interesados en hacer negocios con los vecinos del sur.
En 1841, con la reforma de los fueros se suprimen las antiguas aduanas privativas navarras y con ellas las fronteras de Castilla y Aragón, fijándose las aduanas en el Pirineo y en Guipúzcoa, tal y como deseaba el Estado español y muchos navarros interesados en hacer negocios con los vecinos del sur.
Hasta entonces se compraba a Francia curtidos, quincalla, tejidos de lana, cacao, sederías, lienzos, cera, ganado vacuno, mular y porcino y se vendía lanas, aguardiente, regaliz, hierro, sal y pieles.
Emigración
En 60 años, de 1832 a 1891, 80.000 personas emigran del País Vasco-francés a América. Desde 1897 a 1921 19.416 nuevos emigrantes parten de Zuberoa y Baja Navarra.
Las guerras, la desaparición de las pequeñas industrias rurales, del tejido artesanal, el fin del contrabando y la enfermedad de las viñas impulsaron esta emigración masiva.
Monumentos megalíticos, ritos, costumbres y celebraciones antiguas
La prueba de que este territorio ha sido habitado desde antiguo es el gran número de dólmenes y crónlech existentes, indicándonos que esta zona era lugar de encuentro, reunión y celebración de las gentes de los valles vecinos.
Desde tiempo inmemorial, la población de estos lugares (al igual que sus vecinos) tenía sus propias creencias y costumbres ancestrales, llegando hasta la actualidad algunos restos fácilmente observables en prácticamente todas las poblaciones y núcleos rurales. La proliferación de símbolos solares son huellas que perduran hasta nuestros días (lauburus, eguzkilores, etc.)
Emigración
En 60 años, de 1832 a 1891, 80.000 personas emigran del País Vasco-francés a América. Desde 1897 a 1921 19.416 nuevos emigrantes parten de Zuberoa y Baja Navarra.
Las guerras, la desaparición de las pequeñas industrias rurales, del tejido artesanal, el fin del contrabando y la enfermedad de las viñas impulsaron esta emigración masiva.
Monumentos megalíticos, ritos, costumbres y celebraciones antiguas
La prueba de que este territorio ha sido habitado desde antiguo es el gran número de dólmenes y crónlech existentes, indicándonos que esta zona era lugar de encuentro, reunión y celebración de las gentes de los valles vecinos.
Desde tiempo inmemorial, la población de estos lugares (al igual que sus vecinos) tenía sus propias creencias y costumbres ancestrales, llegando hasta la actualidad algunos restos fácilmente observables en prácticamente todas las poblaciones y núcleos rurales. La proliferación de símbolos solares son huellas que perduran hasta nuestros días (lauburus, eguzkilores, etc.)
La religión propia era:
1. Naturista: se basan en la fuerza de la naturaleza y en el mundo que observan.
2. Animista: se personifican las fuerzas de la naturaleza.
3. Panteísta: todo es dios.
4. Eterno: sin principio ni fin.
5. Monoteísta: Ortzi o Urtzi es su dios. En el siglo XII, el viajero Aymeric Picaud escribe que a pesar de la reciente cristianización de algunas zonas, los vascos siguen llamando a Dios Urtzi.
6. Poseen sus propios mandamientos: no mentir, no robar, cumplir la palabra dada, ayudarse mutuamente, no exagerar y guardar el debido respeto al prójimo, etc.
7. Maniqueísta: lucha continua entre dos oponentes: el bien y el mal, la salud y la enfermedad, el día y la noche, etc.

Las celebraciones
La celebración del akelarre (que literalmente significa prado del cabrón o macho cabrío) se realiza alrededor de un gran fuego en prados elevados o en grandes cavernas en los días de luna llena, dependiendo de la climatología y los solsticios.
Siendo una sociedad matriarcal, la mujer ocupa un lugar preponderante, siendo la sorgiña (del euskera sortu = nacer + gina = hacedora; hacedora de nacimientos, matrona) la conductora del akelarre. Además, sus conocimientos en fitoterapia y habilidades como curanderas, las otorgaban un gran prestigio social. La intervención del macho cabrío, lo es por ser un animal muy apreciado en el mundo rural por su resistencia a las enfermedades y su alta capacidad de fecundación.
Estas celebraciones –de la fecundación y la fertilidad-, eran un motivo de fiesta donde al calor de la música y la danza se establecían parejas entre personas de distintos valles, siendo comúnmente aceptado, que si la parejas no obtenían descendencia, podían optar por deshacer la pareja o continuar como tal.
La celebración del akelarre (que literalmente significa prado del cabrón o macho cabrío) se realiza alrededor de un gran fuego en prados elevados o en grandes cavernas en los días de luna llena, dependiendo de la climatología y los solsticios.
Siendo una sociedad matriarcal, la mujer ocupa un lugar preponderante, siendo la sorgiña (del euskera sortu = nacer + gina = hacedora; hacedora de nacimientos, matrona) la conductora del akelarre. Además, sus conocimientos en fitoterapia y habilidades como curanderas, las otorgaban un gran prestigio social. La intervención del macho cabrío, lo es por ser un animal muy apreciado en el mundo rural por su resistencia a las enfermedades y su alta capacidad de fecundación.
Estas celebraciones –de la fecundación y la fertilidad-, eran un motivo de fiesta donde al calor de la música y la danza se establecían parejas entre personas de distintos valles, siendo comúnmente aceptado, que si la parejas no obtenían descendencia, podían optar por deshacer la pareja o continuar como tal.
La implantación del cristianismo
La llegada de las invasiones romanas trajo otras creencias y costumbres, que si bien en un principio se puede decir que respetaban las costumbres de las gentes del lugar, poco a poco fueron apareciendo nuevas formas que terminaron imponiéndose con la utilización del terror más cruel. La quema de personas vivas por parte de la inquisición de la Iglesia Católica para que renegaran de sus ritos y creencias, con acusaciones falsas y absurdas, fue muy habitual por estos lugares.
La llegada de las invasiones romanas trajo otras creencias y costumbres, que si bien en un principio se puede decir que respetaban las costumbres de las gentes del lugar, poco a poco fueron apareciendo nuevas formas que terminaron imponiéndose con la utilización del terror más cruel. La quema de personas vivas por parte de la inquisición de la Iglesia Católica para que renegaran de sus ritos y creencias, con acusaciones falsas y absurdas, fue muy habitual por estos lugares.
El proceso de Zugarramurdi es un ejemplo revelador. Se prolongó desde 1608 hasta 1610, se acusaron a más de 300 personas de los valles cercanos de sacrilegio y brujería, con acusaciones tales como producir tormentas y tempestades en el Cantábrico o tocar el tambor y el txistu mientras los demás cantaban y bailaban, y supuso la muerte en la hoguera de cuatro mujeres y dos hombres, la muerte de cinco personas más por las torturas sufridas en la cárcel y la condena a cadena perpetua y a ser azotadas públicamente de cuarenta y dos personas más.
Procesos similares en otros muchos lugares (desde el año 1500 hasta el 1610 hay constancia de la muerte de más de 700 personas a manos de la inquisición en ambos lados de esta zona del Pirineo).
La construcción de grandes cruces en las poblaciones como recuerdo de lo sucedido, hicieron de algunas de las antiguas costumbres un vago recuerdo y, paradójicamente, todavía se realizan procesiones (portando la cruz a cuestas) desde los valles vecinos a lugares como Orreaga/Roncesvalles, donde se levantaron ermitas, manteniéndose la costumbre de celebrar en ellos las bodas, y que antes de la implantación del cristianismo fueron lugares de reunión y celebración.
El Auzolan
el auzolan era (y es todavía) en toda Navarra y Euskal Herria en general, una de las instituciones más arraigadas, solidarias y una demostración auténtica del apego a los vecinos y a la localidad. Enraizado en el viejo sentimiento del hoy por ti y mañana por mí , en el cuidado y la defensa de la propiedad común, el auzolan era incluso, amén de una cuestión más o menos legislada, más un deber moral que una obligación.
el auzolan era (y es todavía) en toda Navarra y Euskal Herria en general, una de las instituciones más arraigadas, solidarias y una demostración auténtica del apego a los vecinos y a la localidad. Enraizado en el viejo sentimiento del hoy por ti y mañana por mí , en el cuidado y la defensa de la propiedad común, el auzolan era incluso, amén de una cuestión más o menos legislada, más un deber moral que una obligación.
Como "prestación vecinal gratuita en beneficio público", lo define la Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, el Auñamendi de los Estornés Lasa. Y de "trabajo colectivo o vecinal: trabajo que realizan los vecinos de un pueblo en beneficio de la colectividad (del vasco auzua: vecino y lana: trabajo)".
Es el alcalde, el regidor o el propio batzarre (asamblea vecinal) quien dispone el cómo y el cuándo, y es de ley que uno de cada casa viene obligado a acudir y prestar su ayuda o, en su defecto, debe mandar un sustituto o abonar en metálico la redención del trabajo que le corresponde. Hoy en día, y allí donde el auzolan perdura, se determina el importe de la redención, que viene a equivaler al salario de un peón y un día.
En auzolan se abren o mantienen caminos vecinales, se restauran los lavaderos y ermitas u otros edificios de la comunidad, se levantan paredes, se hacen repoblaciones forestales y también trabajos de mayor importancia. Antes se conocían dos tipos, auzolan aundia o grande y auzolan txikia o pequeño. En otoño se hacía el auzolan ordinario y en primavera, el extraordinario.
El alcalde o la comisión de vecinos designada al efecto, fija el día (ahora se suele hacer en sábado por la tarde o en domingo, por la mañana), el lugar y la hora. Normalmente, el municipio o el pueblo (no los vecinos) aportan los materiales, y algo para el almuerzo o la merienda, que se comparten en alegre armonía y satisfacción por el trabajo (bien) realizado.
También, en caso de tratarse de trabajos de cierta dificultad o necesitarse un maestro cantero o de otro oficio que requiere conocimiento y experiencia, se le contrata y abona lo que previamente se estipula. La institucionalización del auzolan se aprecia en particular en las administraciones de montes y tierras comunales (de todos), y es que en ellas es donde tiene su más sólido fundamento o razón de ser: se trabaja por y para la colectividad.